viernes, 13 de junio de 2014

nacer

ahora que estoy nuevamente embarazada, me vienen a la memoria las vivencias de cómo fue mi nacimiento como madre... 

Inesperado fue. Durante todos los meses del embarazo repitiéndome que sabía parir,  que era algo ancestral,  que estaba en mi cuerpo y la sabiduría femenina. Un embarazo divino, sin complicaciones.  Igualmente no soy de las mujeres que dicen "viviría embarazada", pero me parece una experiencia increíble y digna de ser vivida. 
Transcurrió mi embarazo hasta que cuando de estaba por cumplirse la famosa semana 40, el viernes 23 de noviembre de 2012 a las 6 de la mañana y después de una noche sin dormir porque Vera no dejaba de moverse, rompo bolsa con todo. Parecía un mar saliendo dentro mío. 6:30 empiezan las contracciones.  Con Jairo (mi compañero) nos reíamos,  escuchábamos y cantábamos  una de mis canciones favoritas, "my favourite things" cantada por la genial Julie Andrews. Hablamos con la partera de mi obstetra,  quedamos para encontrarnos a las 9 en la puerta del Hospital alemán. 

Apenas llegué,  chorreando líquido amniótico y con contracciones, me hicieron pasar cual película (enfermeros corriendo, los administrativos yendo a buscar la silla de ruedas) y no pudimos esperarla en la puerta.  Llegó 9:30 y yo con jairo en sala de pre parto haciendo mi trabajo de parto.  Apenas llega, me reta "por qué no me esperaste?". Me hace acostar y me pone una vía. Atiné a preguntarle qué era (yo habia hablado con mi obstetra porque no queria goteo), a lo que contestó muy mal un "antibiotico,  mamita, rompiste bolsa". A partir de ahí estuve acostada todo el tiempo. No sé por qué no me arranqué la via, no sé por qué no protesté. Nos sometimos por miedo y confiando, a tientas, en quienes pensábamos iban a guiarnos... 


Al rato viene una administrativa del Alemán a decirnos que no había cama para mí,  que me iban a derivar. Cuando se va, la partera me dice "cuando te diga, vas a pujar bien fuerte así dilatas rápido y ya con 7 no te van a mover de acá".  Puje mucho,  con mucho dolor, mientras ella me abría para llegar a dilatar lo suficiente. Cuando lo logré, la partera le avisa a la administrativa y llama a la obstetra y el anestesista.  En ese momento yo ni dudaba, quería la peri xq estaba con muchos dolores, ahora entiendo que es una consecuencia de estar en camilla acostada.  A las 10:30 vino la obstetra y nos pasan a sala de partos. Ya con 10 y casi sin sentir mucho, me empiezan a hacer pujar.  Vera asomaba sus pelitos pero no se encajaba en el canal sino que volvía adentro del útero cuando yo dejaba de pujar.  Así fue por casi 2 hs, en los que la partera se me tiraba encima para que Vera naciera. Lo que más recuerdo de ese momento es todo lo que sufrí. No era dolor, era sufrimiento de todo lo que venía viviendo. Llegó un momento en el que no di más. No había pasado mucho tiempo pero habia estado mucho pujando y estaba hecha pelota. Y así sin más,  y con mi pleno consentimiento por mi nivel de agotamiento, me pasaron al quirofano. A todas les pasa que se acuerdan de ese momento y se odian por no haber aguantado más tiempo? A mí sí. Creo que es de lo único que me arrepiento en mi vida. Bueno, no de lo único...

Vera nacio a las 12:05 del mediodía.  Tenia doble circular de cordón alrededor del cuello,  y esa fue la razón -además del peso, 3.610 k y que era muy cabezona - que me dio mi obstetra para justificar la cesárea. Otro recuerdo doloroso es que, apenas nació, se la llevaron del quirófano. Jairo estuvo con ella todo el tiempo, es verdad, pero yo hasta 45 min. después no pude tener en brazos a mi hija. Otra vez... me robaron la primera mirada, y yo no supe o no pude o no entendía o lo que fuera, yo no hice nada. Me quedé ahí, semi drogada por la anestesia, llorando sola por todo: lo maravilloso de lo que había vivido y la tristeza de no haberla podido parir.

Mi conclusión es que no supe respetarme, que no me respetaron y que aceleraron los tiempos naturales de mi cuerpo. Para una primeriza, empezar con contracciones a las 6.30 am. y terminar en cesárea a las 12.05...

Quince días después del nacimiento de Vera, y con varios días de fiebre encima (me decían en la guardia que era la "bajada de la leche"), vuelvo al Hospital. Se me había infectado el tejido subcutáneo.  "Celulitis" se llamaba, o algo así. Me internan, mi obstetra vuelve a operarme,  me limpian, me dejan un drenaje con el que estuve 4 o 5 dias.  En total estuve 15 dias internada porque no me hacían efecto los antibioticos vía oral, sólo los endovenosos. Internados los tres, Jairo y Vera durmiendo conmigo. No puedo creer lo que me tocó vivir en ese entonces. Lo recuerdo borroso, lloroso, difícil. 

En todo ese quilombo pude sobrellevar el darle la teta, como pude, lidiando con mis brazos llenos de moretones y vías que me impedían agarrar cómoda a mi hija. Ahora lo pienso y me da una bronca... NO PODÍA AGARRAR BIEN A MI HIJA!!! Horrible. Indescriptible sensación de impotencia, y sufrimiento. 

Luego de esos 15 días y ya con el alta, tuve que tomar 1 mes más de antibióticos. Fue todo muy traumatico, y cuando pensé que se había terminado, Vera empezó con diarrea (tenía un mes y pico de vida) y yo también,  y me prohibieron darle la teta porque le estaba pasando los antibióticos (que eran muy fuertes) por la leche.
Estuve dos o tres semanas sacándome leche y tirándola. Llorábamos porque nos teníamos que privar de eso también. Cuando pude volver a darle la teta, mi producción había bajado mucho. Vera lloraba cuando la ponía a la teta y yo lloraba porque ella me rechazaba... después de haber pasado por el relactador sin éxito, mi decisión fue aprender a darle la mamadera como si fuera la teta. De todas maneras, es una decisión que lamento y lamentare siempre. Mejor dicho, otra decisión que lamentaré. Igualmente entiendo que en ese momento no podía pensar con claridad del todo, y sólo me dejé llevar por lo que pensé que iba a ser menos traumático para mí y para Vera. No sé...

Mis primeros meses como madre fueron dolorosos, y así y todo, increíbles porque me llené de amor por Vera. Me ayudó a sanar mucho ese contacto, verla crecer... Nos enamoramos, nos necesitábamos siempre, dormíamos juntas y hasta el día de hoy tenemos una relación preciosa y amorosa. Otra sensación indescriptible, pero de las que no abarcan las palabras por lo mágicas e imposibles de dimensionar, por lo menos para mí. 

Siempre digo que el ser mamá me cacheteó desde el vamos. Que el ejercicio de maternar me sacó de un zopetón del lugar tranquilo y "Sarah Kay rosa" de la idea de maternidad (nunca he sido muy sarah kay pero es una buena manera de describir el contraste y esa piña de realidad). 

Siento que necesito reparar. Resignificar. Todavía duele no haber podido defenderla, defendernos. Duele no haberla podido parir. Duele no haberla podido alimentar. Duele la herida, duele del duelo que estoy haciendo, lento, pero ahí vamos.

Me pregunto una y mil veces cómo haré para contarle esta historia a ella sin mi sufrimiento de hembra que no pudo, de fracasada, por así decirlo. Sé que ahora me cuesta horrores, sé que hago esfuerzos. Pero todavía no sé cómo haré. Creo que mientras prevalezca esa sensación de derrota autoinfligida, no podré contar esta historia de otra manera. Y me duele pensar que puedo transmitirle esta sensación a ella, que es lo más maravilloso de todo. Cómo hacerle entender que a pesar de todo esto, fue igualmente maravilloso porque nacimos ambas en esta unión que nos entrelaza hijamadreamor para siempre?

Resignificar...

viernes, 23 de mayo de 2014

cicatrices

con Lucio en panza me vinieron a la mente miles de cosas. qué digo a la mente, mejor dicho al alma. cicatrices que no dejan de supurar, que nunca se cerraron. me cuesta poner en palabras todo esto, es tan profundo y confuso y claro, creo que se me apareció como una epifanía. el lunes después de clase de yoga, de hablar con ana la partera. de que ana me dijera "ellos no te dejaron porque vos les permitiste que te lo hicieran". mi historia de primer parto no fue de ensueño. terminó bien, pero el primer mes de vida de Vera fue tortuoso para mí. la inne-cesárea, la teta, la infección, la nueva operación, la teta. y en el medio mamábebé, tan jamón del medio, tan poco protegidas por un sistema médico que dice que te cura.
cuando me enteré que Lucio venía en camino no pensé que iba a poder sobrellevarlo. necesitaba -y necesito- mucha fortaleza para atravesar una situación que fue por demás traumática. y con tan poco tiempo la una de la otra, no estaba segura de poder. segura de poder parir.
la inconciencia del primer embarazo era hermosa. me decía a mí misma "las mujeres podemos parir, sabemos parir, voy a poder parir".
lo sensación más amarga que me quedó del parto de Vera es que no pude parirla. no pude defender mi parto, no supe, no quise aterrada.
la sensación es justamente esa: que no quise pero a la vez que me robaron el parto. que me robaron la primera mirada de mi bebé, sus primeros momentos de vida. innecesáreamente.
la cicatriz es mucho más grande que la física. es de esas cicatrices que te marcan para siempre, que de hecho no pensé que se pronunciaban tan hacia la raíz a esta altura de mi vida. es una cicatriz como las cicatrices fundantes.
pero ahora hay un nuevo bebé y una nueva oportunidad que llega cuando menos una lo espera. esas oportunidades que no podemos rechazar porque la oferta es muy tentadora aunque difícil y costosa.
esto requiere mucho más de mí de lo que puedo llegar a imaginar.
nadie me roba el parto esta vez. mamá loba que defiende a sus cachorros y al que no le guste se lo come.
es el trabajo de parto más largo de mi vida.

Poder es poder parir